domingo, 12 de abril de 2015

Realismo social (Ecuador)

El año de 1930 es fundamental para el nacimiento del realismo social en Ecuador, en el que surgen grupos literarios y obras que cambiaron drásticamente la forma de escribir y observar la realidad. 
El realismo social se centró en: 
  1. Configurar personajes populares: montubios, cholos, campesinos, indígenas.
  2. Utilizar un lenguaje coloquial
  3. Describir espacios rurales
  4. Denunciar la situación social a través de las obras literarias.
Debido a los cambios que se producían en la sociedad ecuatoriana en la década de los años 20, la narrativa se enfocó en la denuncia social y en la crítica al sistema. 
En nuestro país, particularmente, tuvo gran influencia narrativa de esta época, representada por escritores de la Sierra como:
  • Jorge Icaza 
  • Humberto Salvador 
Y de la Costa, como el Grupo de Guayaquil como:
  • Demetrio Aguilera Malta 
  • Enrique Gil Gilbert 
  • Joaquín Gallegos Lara   
  • José de la Cuadra  
  • Alfredo Pareja Diezcanseco   
Una mención aparte merece Pablo Palacio, escritor nacido en Loja, que vivió en Quito y Guayaquil y cultivó una narrativa inquietante, retazos de fantasía y una honda y desgarrada visión sobre la condición humana.


Contenido del Poema Canto a Bolívar o la Victoria de Junín

Desde la época de la Conquista, la literatura hispanoamericana ha buscado su propia voz. Algunos temas han sido cantos de combate y defensa del territorio patrio. Canto a Bolívar o La Victoria de Junín de José Joaquín Olmedo es una de las obras más conmovedoras de la historia ecuatoriana.

La victoria de Junín (fragmento)

El trueno horrendo que en fragor revienta
y sordo retumbando se dilata
por la inflamada esfera,
al Dios anuncia que en el cielo impera.
Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta
la hispana muchedumbre
que, más feroz que nunca, amenazaba,
a sangre y fuego, eterna servidumbre,
y el canto de victoria
que en ecos mil discurre,
ensordeciendo el hondo valle y enriscada cumbre,
proclaman a Bolívar en la tierra
árbitro de la paz y de la guerra.

Las soberbias pirámides que al cielo
el arte humano osado levantaba
para hablar a los siglos y naciones,
- templos do esclavas manos
deificaban en pompa a sus tiranos -
ludibrio son del tiempo, que con su ala
débil las toca y las derriba al suelo,
después que en fácil juego el fugaz viento
borró sus mentirosas inscripciones;
y bajo los escombros, confundido
entre la sombra del eterno olvido,
-¡oh de ambición y de miseria ejemplo!
el sacerdote yace, el dios y el templo.

Mas los sublimes montes, cuya frente
a la región etérea se levanta,
que ven las tempestades a su planta
brillar, rugir, romperse, disiparse,
los Andes, las enormes, estupendas
moles sentadas sobre bases de oro,
la tierra con su peso equilibrando,
jamás se moverán. Ellos, burlando
de ajena envidia y del protervo tiempo
la furia y el poder, serán eternos
de libertad y de victoria heraldos,
que, con eco profundo,
a la postrema edad dirán del mundo;
`Nosotros vimos de Junín el campo,
vimos que al desplegarse
del Perú y de Colombia las banderas,
se turban las legiones altaneras,
huye el fiero español despavorido,
o pide paz rendido.
Venció Bolívar, el Perú fue libré,
y en triunfal pompa Libertad sagrada
en el templo del Sol fue colocada`.

¿Quién me dará templar el voraz fuego
en que ardo todo yo?
-Trémula, incierta,
torpe la mano va sobre la lira
dando discorde son. ¿Quién me liberta
del dios que me fatiga ... ?

Siento unas veces la rebelde Musa,
cual bacante en furor, vagar incierta
por medio de las plazas bulliciosas,
o sola por las selvas silenciosas,
o las risueñas playas
que manso lame el caudaloso Guayas;
otras el vuelo arrebatada tiende
sobre los montes, y de allí desciende
al campo de Junín, y ardiendo en ira,
los numerosos escuadrones mira
que el odiado pendón de España arbolan,
y en cristado morrión y peto armada,
cual amazona fiera,
se mezcla entre las filas la primera
de todos los guerreros,
y a combatir con ellos se adelanta,
triunfa con ellos y sus triunfos canta.

[...]

¿Quién es aquel que el paso lento mueve
sobre el collado que a Junín domina?
¿que el campo desde allí mide, y el sitio
del combatir y del vencer designa?
¿que la hueste contraria observa, cuenta,
y en su mente la rompe y desordena,
y a los más bravos a morir condena,
cual águila caudal que se complace
del alto cielo en divisar su presa
que entre el rebaño mal segura pace?
¿Quién el que ya desciende
pronto y apercibido a la pelea?
Preñada en tempestades le rodea
nube tremenda; el brillo de su espada
es el vivo reflejo de la gloria;
su voz un trueno, su mirada un rayo.
¿Quién, aquel que, al trabarse la batalla,
ufano como nuncio de victoria,
un corcel impetuoso fatigando,
discurre sin cesar por toda parte ... ?
¿Quién sino el hijo de Colombia y Marte?

Sonó su voz: `Peruanos,
mirad allí los duros opresores
de vuestra patria; bravos Colombianos
en cien crudas batallas vencedores,
mirad allí los enemigos fieros
que buscando venís desde Orinoco:
suya es la fuerza y el valor es vuestro,
vuestra será la gloria;
pues lidiar con valor y por la patria
es el mejor presagio de victoria.
Acometed, que siempre
de quien se atreve más el triunfo ha sido;
quien no espera vencer, ya está vencido`.

Dice, y al punto cual fugaces carros
que, dada la señal, parten y en densos
de arena y polvo torbellinos ruedan;
arden los ejes, se estremece el suelo,
estrépito confuso asorda el cielo,
y en medio del afán cada cual teme
que los demás adelantarse puedan;
así los ordenados escuadrones
que del iris reflejan los colores
o la imagen del sol en sus pendones,
se avanzan a la lid. ¡Oh! ¡quién temiera,
quién, que su ímpetu mismo los perdiera!

¡Perderse! no, jamás; que en la pelea
los arrastra y anima e importuna
de Bolívar el genio y la fortuna.
Llama improviso al bravo Necochea,
y mostrándole el campo,
partir, acometer, vencer le manda,
y el guerrero esforzado,
otra vez vencedor, y otra cantado,
dentro en el corazón por patria jura
cumplir la orden fatal, y a la victoria
o a noble y cierta muerte se apresura.

Ya el formidable estruendo
del atambor en uno y otro bando,
y el son de las trompetas clamoroso,
y el relinchar del alazán fogoso
que, erguida la cerviz y el ojo ardiendo
en bélico furor, salta impaciente
do más se encruelece la pelea,
y el silbo de las balas que, rasgando
el aire, llevan por doquier la muerte,
y el choque asaz horrendo
de selvas densas de ferradas picas,
y el brillo y estridor de los aceros
que al sol reflecten sanguinosos visos,
y espadas, lanzas, miembros esparcidos
o en torrentes de sangre arrebatados,
y el violento tropel de los guerreros
que más feroces mientras más heridos,
dando y volviendo el golpe redoblado,
mueren, mas no se rinden ... todo anuncia
que el momento ha llegado,
en el gran libro del destino escrito,
de la venganza al pueblo americano,
de mengua y de baldón al castellano.

[...]

En tanto el Argentino valeroso
recuerda que vencer se le ha mandado,
y no ya cual caudillo, cual soldado
los formidables ímpetus contiene
y uno en contra de ciento se sostiene,
como tigre furiosa
de rabiosos mastines acosada,
que guardan el redil, mata, destroza,
ahuyenta sus contrarios, y aunque herida,
sale con la victoria y con la vida.

Oh capitán valiente,
blasón ilustre de tu ilustre patria,
no morirás, tu nombre eternamente
en nuestros fastos sonará glorioso,
y bellas ninfas de tu Plata undoso
a tu gloria darán sonoro canto
y a tu ingrato destino acerbo llanto,

Ya el intrépido Miller aparece
y el desigual combate restablece.
Bajo su mando ufana
marchar se ve la juventud peruana
ardiente, firme, a perecer resuelta,
si acaso el hado infiel vencer le niega.
En el arduo conflicto opone ciega
a los adversos dardos firmes pechos,
y otro nombre conquista con sus hechos.

¿Son esos los garzones delicados
entre seda y aromas arrullados?
¿los hijos del placer son esos fieros?
Sí, que los que antes desatar no osaban
los dulces lazos de jazmín y rosa
con que amor y placer los enredaban,
hoy ya con mano fuerte
la cadena quebrantan ponderosa
que ató sus pies, y vuelan denodados
a los campos de muerte y gloria cierta,
apenas la alta fama los despierta
de los guerreros que su cara patria
en tres lustros de sangre libertaron,
y apenas el querido

Tal el joven Aquiles,
que en infame disfraz y en ocio blando
de lánguidos suspiros,
los destinos de Grecia dilatando,
vive cautivo en la beldad de Sciros:
los ojos pace en el vistoso alarde
de arreos y de galas femeniles
que de India y Tiro y Menfis opulenta
curiosos mercadantes le encarecen;
mas a su vista apenas resplandecen
pavés, espada y yelmo, que entre gasas
el Itacense astuto le presenta,
pásmase ... se recobra, y con violenta
mano el templado acera arrebatando,
rasga y arroja las indignas tocas,
parte, traspasa el mar, y en la troyana
arena muerte, asolación, espanto
difunde por doquier; todo le cede ...
aun Héctor retrocede ...
y cae al fin, y en derredor tres veces
su sangriento cadáver profanado,
al veloz carro atado
del vencedor inexorable y duro,
el polvo barre del sagrado muro.

Ora mi lira resonar debía
del nombre y las hazañas portentosas
de tantos capitanes, que este día
la palma del valor se disputaron
digna de todos ... Carvajal... y Silva...
y Suárez ... y otros mil ...; mas de improviso
la espada de Bolívar aparece,
y a todos los guerreros,
como el sol a los astros, oscurece.

Yo acaso más osado le cantara,
si la meonia Musa me prestara
la resonante trompa que otro tiempo
cantaba al crudo Marte entre los Traces,
bien animando las terribles haces,
bien los fieros caballos, que la lumbre
de la égida de Palas espantaba.

Tal el héroe brillaba
por las primeras filas discurriendo.
Se oye su voz, su acero resplandece,
do más la pugna y el peligro crece.
Nada le puede resistir ... Y es fama,
-¡oh portento inaudito!-
que el bello nombre de Colombia escrito
sobre su frente, en torno despedía
rayos de luz tan viva y refulgente
que, deslumbrado el español, desmaya,
tiembla, pierde la voz, el movimiento,
sólo para la fuga tiene aliento.

Así cuando en la noche algún malvado
va a descargar el brazo levantado,
si de improviso lanza un rayo el cielo,
se pasma y el puñal trémulo suelta,
hielo mortal a su furor sucede,
tiembla y horrorizado retrocede.
Ya no hay más combatir. El enemigo
el campo todo y la victoria cede;
huye cual ciervo herido, y a donde huye,
allí encuentra la muerte. Los caballos
que fueron su esperanza en la pelea,
heridos, espantados, por el campo
o entre las filas vagan, salpicando
el suelo en sangre que su crin gotea,
derriban al jinete, lo atropellan,
y las catervas van despavoridas,
o unas en otras con terror se estrellan.

Crece la confusión, crece el espanto,
y al impulso del aire, que vibrando
sube en clamores y alaridos lleno,
tremen las cumbres que respeta el trueno.
Y discurriendo al vencedor en tanto
por cimas de cadáveres y heridos,
postra al que huye, perdona a los rendidos.

Padre del universo, Sol radioso,
dios del Perú, modera omnipotente
el ardor de tu carro impetuoso,
y no escondas tu luz indeficiente ...
Una hora más de luz. . . -Pero esta hora
no fue la del destino. El dios oía
el voto de su pueblo, y de la frente
el cerco de diamante desceñía,
el fugaz rayo el horizonte dora,
en mayor disco menos luz ofrece
y veloz tras los Andes se oscurece.
Tendió su manto lóbrego la noche:
y las reliquias del perdido bando,
con sus tristes y atónitos caudillos,

corren sin saber dónde, espavoridas,
y de su sombra misma se estremecen;
y al fin en las tinieblas ocultando
su afrenta y su pavor, desaparecen.

¡Victoria por la patria! ¡oh Dios, victoria!
¡Triunfo a Colombia y a Bolívar gloria! 
"

                       José Joaquín Olmedo


EXPLICACIÓN DEL CONTENIDO

La naturaleza proclama a Bolívar como autoridad de la paz y de la guerra. Los Andes se convierten en escenario y testigo de la lucha y victoria.
Olmedo, inspirado por su musa, se traslada de Guayaquil a Junín. Allí, presenta a Bolívar quien arenga a sus tropas para infundirles valor en la batalla. Al concluir el discurso, las tropas libertadoras pelean con coraje y valentía.
El poema continúa con la aparición del Inca Huayna Cápac que recuerda la forma inhumana en que fueron conquistados por los españoles. Empuja el ejército a expulsar a los conquistadores de América. Luego, anuncia el triunfo de Ayacucho. Un coro de vírgenes del Sol canta en honor del dios. Entonces, las tropas de Bolívar entran a Lima y desaparece la visión de Huayna Cápac.
El poema termina cuando Olmedo Expresa su deseo de volver y ganar la estima de sus compatriotas.

  

Escritores Ecuatorianos del Modernismo

Aunque el modernismo se extendió en Hispanoamérica de 1880 a 1910, cuatro poetas representativos aparecieron en Ecuador a principios del siglo XX. Todos ellos murieron jóvenes; dos se suicidaron antes de cumplir veintiún años. Se caracterizaron por poseer una naturaleza extremadamente sensible marcada por una forma nostálgica de ver la vida, Se identificaron con los llamados "Poetas Malditos". El escritor Raúl Andrade Bautizó este grupo de poetas como la "Generación Decapitada".

ARTURO BORJA

Nación en Quito en 1892 y murió en 1912. Procedía de una familia pudiente. 
Compuso sus primeros poemas a los quince años de edad y cinco años después se suicido. Su obra se encuentra reunida en La Flauta de Ónix 


ERNESTO NOBOA CAAMAÑO

Nació en Guayaquil en 1891 y murió en 1927. Se trasladó a vivir en Quito, en donde entabla amistad con Arturo Borja. Como los demás modernistas, leyó a los poetas franceses, así como a Rubén Dario. Publicó Romanza de las horas.


HUMBERTO FIERRO

Nació en Quito en 1888 y murió en 1929. Pertenecía a una familia de gran influencia social. 
Publicó El laúd en el valle y Veladas palatinas.


MEDARDO ÁNGEL SILVA 

Nació en Guayaquil en 1898 y murió en 1919. A diferencia de Borja y Noboa y Caamaño, su origen fue humilde. Debió abandonar sus estudios y trabajar desde que era adolescente. 
A los veinte años, publicó El árbol del bien y del mal. Poco tiempo después terminó con si vida.


viernes, 10 de abril de 2015

Reseña

La Historia de la Literatura Ecuatoriana se remonta a la época prehispánica representada por el indigenismo de Amautas, Shamanes y antiguos sabios que entonaban del ritmo Yaravi leyendas y relatos de las civilizaciones anteriores a la conquista.
Juan de Velasco en el siglo XVIII hizo una epopeya de la vida cultural de del "Reino de Quito" donde consta la memoria de las celebraciones y fiestas rituales que hasta hoy perduran como el Inti Raymi, la fiesta del maíz y de los difuntos. 
La obra más representativa encasillada en el género lírico es la "Elegía a la muerte de Atahualpa" atribuida a Jacinto Collahuazo.
Ya en la época colonial la orden religiosa de los jesuitas conformó un espacio para el conocimiento en lo que podríamos decir que fue, el colegio seminario San Luis base para la Universidad Santo Tomás donde se enseñaba Teología y Filosofía. 
Ya entrando al Barroco la poesía de Juan Bautista Aguirre fue un pilar fundamental para que el proceso de crecimiento literario crezca en donde el tono ético y filosófico se confluía con la poesía de lo burlesco y lo satírico.
Eugenio de Santa Cruz y Espejo, fundamental pensador e icono de las letras ecuatorianas, junto a la aparición de la imprenta logró perpetuar sus obras y trascenderlas a la posteridad, con su literatura científica y revolucionaria logró incluso realizar una evolución cultural y el inicio del periodismo con la creación del circular " Primicias de la Cultura de Quito" siempre con una óptica social y libre.
La figura de la época independentista fu José Joaquin de Olmedo; su éxito más famoso el "Canto a Bolívar" van a gloria las victorias del Libertador, con carácter lírico y con recursos clásicos tomó fama de ser el máximo exponente de la cultura Iberoamericana.  

jueves, 9 de abril de 2015

Escritores Ecuatorianos del Romanticismo

El Romanticismo, como género literario, se desarrollo en la primera mitad del siglo XIX en lo que actualmente llamamos Latinoamérica. 
Fue la época de las revoluciones, las emancipaciones, las reivindicaciones sociales, y la constitución de las nuevas repúblicas.  

Los principales escritores ecuatorianos que se consideran pertenecientes al romanticismo son:

DOLORES VEINTIMILLA DE GALINDO

Es una de las figuras más importantes del romanticismo ecuatoriano. Fue admirada y halagada en su tiempo y formó parte, muy joven, de los círculos literarios e intelestuales de Cuenca y Guayaquil. Más tarde, sus ideas, acciones, y circunstancias, opuestas de varias maneras a las del tradicional siglo XIX, ocasionaron un fuerte rechazo en la sociedad cuencana hacia ella. Se suicidó a temprana edad.


JULIO ZALDUMBIDE 

Fue un escritor quiteño de quien se dice que era amante de la soledad y la melancolía. Era traductor, poeta y ensayista. Fue amigo de Juan León Mera y de Juan Montalvo. 
Profesaba el credo de liberalismo; también ejerció cargos diplomáticos y presidió la Academia Ecuatoriana de la Lengua. 
Sus obras son un canto a la libertad y la naturaleza, y una indagación filosófica. 


JUAN LEÓN MERA

Es uno de los tres Juanes ambateños. Fue ensayista, novelista, político y pintor, Sus dos obras más famosas son la novela Cumandá y la letra de Himno Nacional de Ecuador (musicalizada por Antonio Neumane). 
En la esfera política fue partidario del presidente Gabriel García Moreno, por lo cual tuvo serias polémicas con Juan Montalvo. 



JOSÉ JOAQUÍN OLMEDO 

Poeta, abogado y político nacido en Guayaquil. Fue alumno de Eugenio Espejo y tuvo gran participación en la era independista del país y en sus inicios republicanos. Se destacó como orador en las cortes de Cádiz, donde promulgó la abolición de las mitas. 
Tras la victoria de Junín, escribió el Canto a Bolívar , poema épico que le dio fama mundial. 



NUMA POMPILIO LLONA

Guayaquileño, poeta y filósofo. Se desempeñó como diplomático en algunos países, donde tuvo la oportunidad de trabar amistad con escritores como Victor Hugo y Cienfuegos Manzini. Fue profesor de Estética y Literatura General; también ejerció el cargo de rector de la Universidad de Guayaquil. Escribió sobre varios temas con asuntos estéticos, religiosos, patrióticos y filosóficos.



JUAN MONTALVO

Escritor ambateño, destacado ensayista que tuvo dimensión continental en su época; también escribió novelas y fueron valiosos sus pensamientos políticos. 
Son famosos sus textos como: 
  • Las Catilinarias 
  • Los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes

Fue enemigo político de Gabriel García Moreno. Tras el asesinato de este, a quien consideraba tirano y contra quien había escrito fuertes artículos, expresó: Mi pluma lo mató.


Libros

A continuación a nuestros lectores, quienes aprecian la literatura ecuatoriana; les presento una lista de libros que serán de su interés, de los cuales aprendemos experiencias increíbles y nos transportamos a viajes extraordinarios. 

  • Huasipungo- Jorge Icaza
  • A la Costa- Luis A. Martínez
  • Las Catilinarias- Juan Montalvo
  • Polvo y Ceniza- Eliécer Cárdenas
  • Naufragio: Migración y muerte en el Pacífico – Juan Carlos Calderón
  • El Testigo – Hugo España
  • Carne tierna y otros platos, de Diana Zavala
  • Quejas- Dolores de Veintimilla
  • Cumandá- Juan León Mera 
  • El arból del bien y el mal- Medardo Ángel Silva
  • Siete lunas y siete serpientes- Demetrio Aguilera Malta